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” 10 de decembro de 1872″

“(…) A gran velocidad, el tren pasó, en el estado de Iowa, por Council Bluffs, Des Moines y la ciudad de Iowa. Durante la noche atravesó el Mississipi por Davenport, y entró en Illinois por Rock Island. Al día siguiente, 10 de diciembre, a las cuatro de la tarde, llegaba a Chicago, ciudad totalmente reconstruida de sus ruinas y más orgullosa que nunca de estar asentada a orillas de su bello lago Michigan.*

Mil cuatrocientos kilómetros separan Chicago de Nueva York. En Chicago no faltan trenes, así que el señor Fogg pasó inmediatamente de uno a otro. La potente locomotora del Pittsburgh Fort Wayne Chicago Railroad** partió a toda velocidad, como si hubiera comprendido que el honorable caballero no tenía tiempo que perder.(…)

“La vuelta al mundo en ochenta días“, Vicens Vives

* Nota da edición consultada: Chicago es la ciudad más importante de Illinois, la tercera de EEUU y el principal centro industrial del país. Verne hace referencia al terrible incendio que asoló por entero Chicago en 1871, poco antes de que el autor escribiera La vuelta al mundo en ochenta días. La ciudad fue reconstruida de inmediato con un trazado perfectamente geométrico y numerosos rascacielos.

**  La línea ferroviaria lleva el nombre de tres de las ciudades que enlaza: Chicago ( Illinois), Fort Wayne ( Indiana) y Pittsburgh ( Pensilvania).

Unha noite coma esta,  o tren no que viaxaban os protagonistas da novela, atravesaba  o estado do Mississippi.  Nese mesmo lugar nacía, só 25 anos despois da viaxe do señor Fogg, o escritor William Faulkner. Este prolífico autor revolucionou o panorama literario do século XX introducindo importantes novidades na estructura da novela. A que escribe só leu del El ruido y la furia, que recrea ( un pouco como fixera Otero  Pedraio en Os camiños da vida)  a decadencia dunha aristocrática familia sureña.  Vai ser que as decandencias son iguais en todos os lugares e épocas!

Portada de El ruido y la furia

Velaquí vos deixo un fragmento da novela, na que o autor fai uso dunha desas innovacións das que vos falaba:

“(…) Cuando yo era pequeño había un dibujo en uno de nuestros libros, un lugar oscuro al que descendía un débil rayo de sol bañando dos rostros que destacaban entre las sombras. ¿ Sabes qué haría yo si fuera un rey? ella nunca era reina ni hada siempre era un rey gigante o un general entraría ahí por la fuerza los sacaría a rastras y les daría una buena paliza estaba roto, desencuadernado. Me aleggraba. Tendría que volver a mirarlo hasta que la mazmorra se convirtiese en Madre ella y Padre mirando hacia arriba hacia una débil luz tomados de las manos y nosotros perdidos en alguna parte todavía más abajo que ellos sin un rayo de luz siquiera. Entonces apareció la madreselva.(…)”

Fragmento extraído de El ruido y la furia, William Faulkner, ediciones El país, Clásicos del siglo XX ( páx 192)

Se pinchades nesta páxina podedes ler algún conto do autor. E, se o facedes, nestoutra, tedes unha entrevista a este premio Nobel. Sexa como sexa é unha boa idea achegarvos á súa obra.

Outro autor que tamén naceu neste estado é Tennessse Williams, un dos dramaturgos mási importantes do século XX.  O seu é un teatro visceral, realista e crítico. Os protagonistas das súas obras, como el, son inadaptados, marxinais, alcólicos, sufridores que sempre dependen da “amabilidade dos demáis”. Recomendo o seu Un tranvía llamado deseo. Non só porque estes días fixemos percorridos en tranvías, senón, e sobre todo porque esta é unha parada obrigada para quen lle guste o teatro. Na biblioteca está o libro. Tamén podedes botarlle un ollo á película homónima baseada na obra que dirixiu Elia Kazan.

Outra obra deste autor é La gata sobre el tejado de cinc. Aquí vos deixo un pedazo da película.

A nai de Carla, a protagonista de Llámalo X, de Marianella Terzi ( libro que está na biblioteca), está traballando noutra obra de Williams, El zoo de cristal. Podedes lela aquí.

Despois desta “parada” en Mississippi, ss nosos viaxeiros chegaron a Chicago. E nós con eles. Podedes pasear polas rúas desta cidade da música e do jazz  se picades aquí ( por cortesía de National Geographic).

E rematamos, como non podía ser doutra maneira en Chicago, cun musical.

O guión desde musical é de Bob Fosse. Na biblioteca, onde podedes atopar unha ampla selección de musicales, podedes atopar deste mesmo autor  All that jazz e, por suposto, a súa maxistral Cabaret.

Seguiremos o roteiro do señor Fogg e os seus acompañantes a ritmo de musicais.

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” 7 de decembro de 1872″

“(…) Al día siguiente, 7 de diciembre, hubo una parada de un cuarto de hora en la estación de Green River.

( Procedencia da imaxe)

La nieve había caído durante la noche con bastante abundancia, aunque, mezclada con la lluvia y medio fundida, no podía perjudicar la marcha del tren. Con todo, el mal tiempo no dejó de inquietar a Passepartout, pues si la acumulación de nieve atascaba las ruedas del tren, el viaje se vería comprometido con seguridad.

-¡Qué patrón el mío!-se decía-.¡ Sólo a él se le ocurre viajar en pleno invierno! ¿es que no podía haber esperado a que llegara el buen tiempo para aumentar sus posibilidades?(…)”

“La vuelta al mundo en ochenta días”, Clásicos Universales, SM

Temos aos protagonistas parados na estación. Nós detémonos noutra, na Estación de Francia, na física

( Procedencia da imaxe)

e na poética. Esta última é obra de Joan Margarit.

LA PROFESSORA D’ALEMANY

En aquell Institut de la postguerra
hauria d’haver après una mica de grec
i haver sortit amb un vernís dels clàssics.
Però, si aprendre alguna cosa allí
ja era difícil, res amb menys futur
que l’alemany, llavors entre les runes
negroses de Berlín sota la neu.
La meva era una llengua perseguida
i la d’ella una llengua derrotada.
En una aula petita de la torre
on era l’Institut, en entrar a classe,
sempre me la trobava de genolls
fregant vora un cubell i parlant sola.
No sé alemany, i en general em queda
un mal record de tota aquella gent,
però mai no he oblidat el seu dolor.
Ara que passo comptes amb qui sóc
sento els genolls al fred de les rajoles
per esborrar el passat, com ella feia
amb la roja sanefa del mosaic.

Joan Margarit

LA PROFESORA DE ALEMÁN

En aquel Instituto de posguerra
debí haber aprendido algo de griego
y adquirido un barniz sobre los clásicos.
Pero, si aprender algo era difícil,
nada tenía aún menos futuro
que el alemán, cubierto por negruzcos
escombros de Berlín bajo la nieve.
La mía era una lengua perseguida
y la suya una lengua derrotada.
En un aula pequeña del chalé
donde estaba instalado el Instituto,
al entrar la encontraba de rodillas
fregando junto a un cubo, hablando sola.
No sé alemán y en general no tengo
buen recuerdo de toda aquella gente,
pero no olvidé nunca su dolor.
Ahora que paso cuentas con quién soy
siento en frías baldosas mis rodillas
mientras borro el ayer, como ella hacía
con la roja cenefa del mosaico.

Joan Margarit, Estación de Francia.

Podedes ler aquí máis poemas de Joan Margarit.

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“6 de decembro de 1872”

“(…) Hacia las nueve de la mañana Passepartout salió a tomar el aire a una de las pasarelas. El tiempo era frío y el cielo gris, pero ya no nevaba. El disco del sol, agrandado por la bruma, aparecía como una enorme moneda de oro, y Passepartout estaba ocupado en el cálculo de su valor en libras esterlinas cuando la aparición de un personaje un tanto extraño le distrajo de tan provechosa tarea.

El personaje, que había tomado el tren en la estación de Elko, era un hombre alto de estatura, de pelo muy moreno, negro bigote, medias negras, sombrero de seda negra, chaleco negro, pantalón negro, corbata blanca y guantes de piel de perro. Parecía un predicador. Iba de un extremo a otro del tren pegando con lacre en la puerta del vagón unos panfletos escritos a mano.

( Procedencia da imaxe)

Passepartout se acercó y leyó en una de aquellas notas que el honorable elder William Hitch, misionero mormón, aprovechando su presencia en el tren número 48, pronunciaría se once a doce, en el coche número 117, una conferencia sobre el mormonismo que invitaba a que escucharan todos los gentlemen interesados en instruirse sobre los misterios de los Santos de los Últimos Días.

– Desde luego que iré_ se dijo Passepartout, que no conocía el mormonismo casi nada aparte de sus costumbres polìgamas, cimiento de la sociedad mornona. (…)”

“La vuelta al mundo en ochenta días”, Clásicos Universales, ediciones SM.

Se onte nos subimos nos trenes que circulan polos raíles dos libros, hoxe subimos nos roteiros ferroviarios do cine. A primeira estación é a de La vida es un milagro, de Emir Kusturica.

Nesta película, o director aborda con intelixencia e tenrura as consecuencias do conflicto bélico dos Balcáns acontencido non fai moitos anos. A banda sonora, como a de todas as pelis de Kusturica, é unha marabilla. E a historia é, pese a todo, un canto á vida.

Outra película coa que eu me subín en tren e que paga a pena ver é El maquinista de la general, do grande Buster Keaton.  Aquí a tedes:

O tren está ao servizo do amor nesta fermosa historia.

Na biblioteca podedes coller outro tren que se chama Con faldas y a lo loco. Velaquí algunhas escenas:

Se queredes saber máis de trenes no cine visitade  esta páxina:  “ Trenes de cine, cine de trenes

Non sei como se lle iría a Passepartout  no seu tren. Mañá saberemos máis.

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” 5 de decembro de 1872″

” Durante la noche del 5 al 6 de diciembre el tren corrió hacia el sureste por espacio de una cincuenta millas y luego remontó otras tantas hacia el noreste, acercándose al gran lago Salado.(…)”

La vuelta al mundo en ochenta días, Vicens Vives

Deixamos a Passerpartout,  ao señor Fogg e á señorita Auda a durmir no tren nesta noite fría de inverno. E nós imos subir a outros trenes…

Temos que ir ata Quinnipak para coñecer ao señor Rail, fabricante de cristal que quere posuir un ferrocarril e vai poñer todo o seu empeño niso. Ao seu lado outros personaxes amósannos a súa particular forma de ver o mundo: a delicade de Jun, a imaxinación de Pekisch, a eterna busca do neno Pehnt, a mirada forte de Mormy… Temos que subir no tren de Tierras de cristal, de Alessandro Baricco.
Na contacuberta do libro, publicado por Anagrama podemos ler:

Quinnipak. Una imaginaria ciudad vagamente situada en la Europa decimonónica, que pudiera ser símbolo de los ideales y los límites de la burguesía, entre el progreso colectivo y las pasiones personales. En ella convive una galería de extraordinarios personajes con el infinito como único horizonte, empeñados en construir castillos en el aire que irán desmoronándose hasta dejar un poso de tristeza o de rabia: el señor Rail, fabricante de cristal, cuyo sueño es poseer un ferrocarril sólo para sentir el vértigo de la velocidad; su esposa, Jun, cuya belleza inspiró a Dios «la extravagante idea de pecado»; Pekisch, inventor de artilugios imposibles, en busca de una nota musical inexistente; su compañero de fatigas, Pehnt, un chiquillo que lleva encima su destino, en forma de chaqueta holgada; la viuda Abegg, quien, ante la imposibilidad de vivir el futuro deseado, recuerda un pasado ficticio; H. Horeau, arquitecto, cuyo proyecto de un edificio construido sólo de cristal descubrirá el carácter inflamable de éste; Mormy, el niño bastardo capaz de detener el tiempo en su mirada… “Tierras de cristal” es una novela construida con singular maestría, como un puzzle o una fuga de personajes, historias y digresiones que confluyen de forma independiente hacia un sorprendente epílogo en el que descubriremos una amarga verdad. Sin embargo, a pesar de la derrota a la que están abocadas todas estas vidas fuera de lo común, sus sueños extravagantes y sus pasiones enfermizas constituyen una épica menor, la única forma de plenitud que nos está permitida. Casi al modo cervantino, entre el humor y la melancolía, para Alessandro Baricco la locura y el exceso parecen ser formas de vida que nos redimen de las mediocres imposiciones de la realidad, aunque el precio a pagar llegue a ser elevado.

( Procedencia da imaxe)

” (…)  En las orejas entraba el rítmico lamento de los raíles, y entretanto todo vibraba como fatigado, como emocionado-una especie de tic perpetuo que te iba fatigando el alma. Y por la ventana_por la ventana, más allá del cristal, iban desfilando los añicos de un mundo hecho pedazos, perennemente en fuga, desmenuzado en millares de imágenes que duraban uns instante, arrancado por una fuerza invisible. “Antes de que inventaran el ferrocarril, la naturaleza no palpitaba: era una Bella Durmiente del bosque”, escribieron.(…)”

O estilo de Baricco sempre é coma unha canción de berce, os seus personaxes son máxicos e sorprendentes. Están feitos dunha luz especial. Perdese neste tren, con eles, nunha noite de inverno paga a pena.

E temos que coñecer a Jim Botón y  Lucas el maquinista, os protagonista da novela de Michael Ende. A obra está publicada pola editorial Noguer.

“(…) Nadie sabía porqué la isla se llamaba Lummerland y no de cualquier otra manera, pero esto seguramente se descubrirá algún día.

Allí vivía Lucas el maquinista, con su locomotora. La locomotora se llamaba Emma y era una locomotora-tender muy buena, aunque quizás algo pasada de moda. Pero, sobre todo, era muy gorda. Alguien se podría preguntar: ¿para qué necesita una locomotora un país tan pequeño?

Pues porque un maquinista necesita tener una locomotora; si no la tuviese, ¿qué conduciría? ¿Una bicicleta, quizás? Entonces sería un conductor de bicicletas, y un maquinista como es debido, quiere conducir locomotoras y nada más. Por otra parte, en Lummerland no había ninguna bicicleta.

Lucas el maquinista era un hombre pequeño, algo rechoncho, que no se preocupaba lo más mínimo por saber si alguien consideraba necesaria una locomotora o no. Llevaba gorra de visera y traje de trabajo. Sus ojos eran tan azules como el cielo de Lummerland cuando hacía buen tiempo. Pero su cara y sus manos estaban completamente negras por el aceite y la carbonilla. Y aunque se lavaba cada día con cierto jabón especial para maquinistas, el tizne no desaparecía. Había penetrado profundamente en la piel porque, debido a su trabajo, Lucas se ponía negro cada día, desde hacía muchos años. Cuando se reía ?esto lo hacía a menudo?, se le veían brillar en la boca hermosos dientes blancos, con los que era capaz de partir nueces. Llevaba además en la oreja izquierda un aro de oro y fumaba en una pipa muy grande.

Aunque Lucas no era corpulento, tenía una sorprendente fuerza física. Por ejemplo, podía, si quería, hacer un nudo con una barra de hierro. Pero nadie sabía exactamente lo fuerte que era porque amaba la tranquilidad y la paz y nunca había tenido que demostrar su fuerza.

Además, escupiendo era un artista. Daba tan bien en el blanco que podía apagar una cerilla encendida a una distancia de tres metros y medio. Pero esto no era todo. Podía hacer algo más y no existía nadie en el mundo que le pudiera igualar: era capaz de escupir en looping.

Muchas veces al día iba Lucas por la serpenteante vía, atravesando los cinco túneles, de un extremo a otro de la isla y viceversa sin que nunca le sucediera nada. Emma resoplaba y silbaba por diversión. Y en ocasiones Lucas silbaba también una cancioncilla y luego lo hacían a dos voces, cosa que resultaba muy alegre sobre todo en los túneles porque allí resonaba.(…)”

Mañán espertamos ao señor Fogg e acompañantes e subimos a outros trenes.

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