” 5 de decembro de 1872″

” Durante la noche del 5 al 6 de diciembre el tren corrió hacia el sureste por espacio de una cincuenta millas y luego remontó otras tantas hacia el noreste, acercándose al gran lago Salado.(…)”

La vuelta al mundo en ochenta días, Vicens Vives

Deixamos a Passerpartout,  ao señor Fogg e á señorita Auda a durmir no tren nesta noite fría de inverno. E nós imos subir a outros trenes…

Temos que ir ata Quinnipak para coñecer ao señor Rail, fabricante de cristal que quere posuir un ferrocarril e vai poñer todo o seu empeño niso. Ao seu lado outros personaxes amósannos a súa particular forma de ver o mundo: a delicade de Jun, a imaxinación de Pekisch, a eterna busca do neno Pehnt, a mirada forte de Mormy… Temos que subir no tren de Tierras de cristal, de Alessandro Baricco.
Na contacuberta do libro, publicado por Anagrama podemos ler:

Quinnipak. Una imaginaria ciudad vagamente situada en la Europa decimonónica, que pudiera ser símbolo de los ideales y los límites de la burguesía, entre el progreso colectivo y las pasiones personales. En ella convive una galería de extraordinarios personajes con el infinito como único horizonte, empeñados en construir castillos en el aire que irán desmoronándose hasta dejar un poso de tristeza o de rabia: el señor Rail, fabricante de cristal, cuyo sueño es poseer un ferrocarril sólo para sentir el vértigo de la velocidad; su esposa, Jun, cuya belleza inspiró a Dios «la extravagante idea de pecado»; Pekisch, inventor de artilugios imposibles, en busca de una nota musical inexistente; su compañero de fatigas, Pehnt, un chiquillo que lleva encima su destino, en forma de chaqueta holgada; la viuda Abegg, quien, ante la imposibilidad de vivir el futuro deseado, recuerda un pasado ficticio; H. Horeau, arquitecto, cuyo proyecto de un edificio construido sólo de cristal descubrirá el carácter inflamable de éste; Mormy, el niño bastardo capaz de detener el tiempo en su mirada… “Tierras de cristal” es una novela construida con singular maestría, como un puzzle o una fuga de personajes, historias y digresiones que confluyen de forma independiente hacia un sorprendente epílogo en el que descubriremos una amarga verdad. Sin embargo, a pesar de la derrota a la que están abocadas todas estas vidas fuera de lo común, sus sueños extravagantes y sus pasiones enfermizas constituyen una épica menor, la única forma de plenitud que nos está permitida. Casi al modo cervantino, entre el humor y la melancolía, para Alessandro Baricco la locura y el exceso parecen ser formas de vida que nos redimen de las mediocres imposiciones de la realidad, aunque el precio a pagar llegue a ser elevado.

( Procedencia da imaxe)

” (…)  En las orejas entraba el rítmico lamento de los raíles, y entretanto todo vibraba como fatigado, como emocionado-una especie de tic perpetuo que te iba fatigando el alma. Y por la ventana_por la ventana, más allá del cristal, iban desfilando los añicos de un mundo hecho pedazos, perennemente en fuga, desmenuzado en millares de imágenes que duraban uns instante, arrancado por una fuerza invisible. “Antes de que inventaran el ferrocarril, la naturaleza no palpitaba: era una Bella Durmiente del bosque”, escribieron.(…)”

O estilo de Baricco sempre é coma unha canción de berce, os seus personaxes son máxicos e sorprendentes. Están feitos dunha luz especial. Perdese neste tren, con eles, nunha noite de inverno paga a pena.

E temos que coñecer a Jim Botón y  Lucas el maquinista, os protagonista da novela de Michael Ende. A obra está publicada pola editorial Noguer.

“(…) Nadie sabía porqué la isla se llamaba Lummerland y no de cualquier otra manera, pero esto seguramente se descubrirá algún día.

Allí vivía Lucas el maquinista, con su locomotora. La locomotora se llamaba Emma y era una locomotora-tender muy buena, aunque quizás algo pasada de moda. Pero, sobre todo, era muy gorda. Alguien se podría preguntar: ¿para qué necesita una locomotora un país tan pequeño?

Pues porque un maquinista necesita tener una locomotora; si no la tuviese, ¿qué conduciría? ¿Una bicicleta, quizás? Entonces sería un conductor de bicicletas, y un maquinista como es debido, quiere conducir locomotoras y nada más. Por otra parte, en Lummerland no había ninguna bicicleta.

Lucas el maquinista era un hombre pequeño, algo rechoncho, que no se preocupaba lo más mínimo por saber si alguien consideraba necesaria una locomotora o no. Llevaba gorra de visera y traje de trabajo. Sus ojos eran tan azules como el cielo de Lummerland cuando hacía buen tiempo. Pero su cara y sus manos estaban completamente negras por el aceite y la carbonilla. Y aunque se lavaba cada día con cierto jabón especial para maquinistas, el tizne no desaparecía. Había penetrado profundamente en la piel porque, debido a su trabajo, Lucas se ponía negro cada día, desde hacía muchos años. Cuando se reía ?esto lo hacía a menudo?, se le veían brillar en la boca hermosos dientes blancos, con los que era capaz de partir nueces. Llevaba además en la oreja izquierda un aro de oro y fumaba en una pipa muy grande.

Aunque Lucas no era corpulento, tenía una sorprendente fuerza física. Por ejemplo, podía, si quería, hacer un nudo con una barra de hierro. Pero nadie sabía exactamente lo fuerte que era porque amaba la tranquilidad y la paz y nunca había tenido que demostrar su fuerza.

Además, escupiendo era un artista. Daba tan bien en el blanco que podía apagar una cerilla encendida a una distancia de tres metros y medio. Pero esto no era todo. Podía hacer algo más y no existía nadie en el mundo que le pudiera igualar: era capaz de escupir en looping.

Muchas veces al día iba Lucas por la serpenteante vía, atravesando los cinco túneles, de un extremo a otro de la isla y viceversa sin que nunca le sucediera nada. Emma resoplaba y silbaba por diversión. Y en ocasiones Lucas silbaba también una cancioncilla y luego lo hacían a dos voces, cosa que resultaba muy alegre sobre todo en los túneles porque allí resonaba.(…)”

Mañán espertamos ao señor Fogg e acompañantes e subimos a outros trenes.

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